Durante su estancia en Buenos Aires, Ramón solía visitar el Parque Zoológico para disfrutar al aire libre y poder observar el comportamiento de los animales. Sus certeras conclusiones implican la capacidad de convivir distintas especies en recintos pequeños sin graves problemas. Ramón reitera sus principios contra cualquier tipo de violencia entre nosotros, «animales racionales» y comparto sus ideales.

Plauto (254-184 a. C.) en su obra Asinaria afirmaba «El hombre es el lobo del hombre» (Homo homini lupus) y, pasados los siglos, no hemos evolucionado en este sentido. Cada vez que leo las noticias percibo que todo seguirá igual, salvo raras excepciones. Ojalá y los humanos aprendamos de los «llamados animales» estas normas de convivencia.

Compañeros de jaula

«Como empedernido observador de Parques Zoológicos he tenido ocasión de ver extraños connubios de animales.

He visto una hiena y en la misma jaula un perrito de aguas, he visto la convivencia del pato y el rinoceronte, he visto a la jirafa unida al gnu, he presenciado la unión del ciervo y el jabalí, etc. etc.

Desde luego es extraño como los pájaros sueltos en los jardines de los zoológicos visitan sin miedo las jaulas del león y del leopardo y el gato se atreve a entrar en la jaula del cóndor para robarle alguna piltrafa de la carne sobrante que le dan.

En la suma de experiencias que tengo anotadas hay un saldo a favor de la benignidad de los animales unos con otros.

A veces no sé en qué ha concluido alguna de esas experimentaciones de director de parque zoológico y como no le pueden hacer preguntas porque está siempre estudiando historia natural metido en su gárgola, no sabré nunca qué pasó con los cuervos que vivían con las águilas en una gran jaula de la roca blanca ¿Acabaron por comérselos? ¿Pidieron ser trasladados a una celda menos peligrosa?

El director del parque se entretiene así y comiéndose de vez en cuando un cachorrito de león o una buena cría de conejo o como se dice en portugués «un casal de Pombo (Paloma/o)».

De las carambolas que hace con los animales, logra sorpresa como la junta de camellos y dromedarios que produjo una prole con tres jorobas.

En vista de lo que sucede insisto en que deben fomentar los parques zoológicos. El parque zoológico tiene una misión que cumplir contra la agresividad humana. Gracias a la visión de las fieras, se puede llegar a comprender que la violencia es animal, absolutamente animal, vergonzosamente animal.

La lección de la jaula sobre el hombre es esa y como va muchas veces solo a esa contemplación al ver un tigre de Bengala en perpetuo rezongo agresivo aprendería a no imitarle, es posible que adquiriese el horror del ensañamiento.

No hay mayor belleza en la vida que el verse libre de ese sentimiento horrible de la ferocidad, logrando la gracia tranquila de la pacifidad, siendo más hermoso ser víctima que horripilante agresor de conciencia infrahumana.

Son necesarios en la vida los Parques Zoológicos para fomentar ese contraste, pero también son necesarios los cercioradores, o sea buenos hombres que fomenten los buenos sentimientos, que ensalcen la verdadera bondad de la vida, que den la razón a los que han acertado con el buen vivir, con la buena postura contemplativa y conformista.

El espectáculo de los animales gana en épocas así y resultan los verdaderos racionales, los amables inconscientes, los amables compañeros de vacaciones.

Si hubiese abonos para un año para entrar en los zoológicos yo tendría mi correspondiente abono.»

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